¿Y por casa?

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En Cúcuta, localidad fronteriza entre Venezuela y Colombia, comenzó hace instantes un recital impulsado por los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, al que dieron en llamar “Venezuela Aid Live”.  El objetivo enunciado para ese evento es el de apoyar la llegada de “ayuda humanitaria” a la República Bolivariana.

Un conjunto de músicos de fama internacional decidieron sumarse al evento; provienen de distintos países, muchos de los cuales sufren graves flagelos que parecen no preocupar a los intérpretes y menos aún a los organizadores y promotores del concierto.

Repasemos un poco:

Luís Fonsi llega desde Puerto Rico, un país que tiene al 52,3% de la población por debajo de la línea de pobreza, según estimaciones realizadas luego del paso del huracán María en 2017. El país, un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, también exhibe una elevada tasa de asesinatos, de 19 por cada 100.000 habitantes; la cifra es comparable con México (BBC).

Afiche
Poco de ayuda, toda injerencia

Justamente desde ese último país llegan Paulina Rubio y el grupo Maná, a mostrar preocupación por la situación humanitaria venezolana. ¿No les preocupará, acaso, que México haya alcanzado en 2018 la mayor tasa de homicidios dolosos y femicidios de su historia, o que sea el tercero con más periodistas asesinados en todo el planeta, o que reconozca a más de 37.000 personas desaparecidas? ¿Acaso el 71% de los indígenas que se encuentra por debajo de la línea de pobreza no necesitarían una ayuda urgente y verdadera, o el 50,6% cuyos ingresos no les permiten comprar la canasta de alimentos, bienes y servicios básicos (según publicó Forbes)?

Juan Luís Guerra quizás insista en pedir que llueva café en su República Dominicana, donde el 47,5% de la población no tiene agua potable dentro de sus viviendas; o acaso haya decidido este viaje a Cúcuta porque es parte del 49% de sus compatriotas que quiere irse del país, aunque sin el aliento de la prensa y el apoyo de los gobiernos que destacan la migración desde Venezuela (Acento).

Del concierto participarán también los colombianos Juanes, Carlos Vives y Maluma; ¿estarán dispuestos luego a participar de otro recital pidiendo justicia por los 172 líderes sociales asesinados en su país durante 2018, según datos de la Defensoría del Pueblo?

Un artículo en Cubadebate plantea quiénes estarán ausentes del concierto de la guerra:  260 mil muertos en los últimos 60 años por el conflicto armado; 6 millones de desplazados por la guerra.

80 mil personas desaparecidas forzosamente; 8, 3 millones de personas que viven en la pobreza; 40 de cada 100 personas que viven en Cúcuta tiene serias dificultades para cubrir los gastos básicos.

Otro intérprete que intervendrá en la movida es el argentino Diego Torres, quien difundió un vídeo anunciando que acompañaría “al pueblo venezolano” y asegurando que no tiene “banderías políticas”. Es cierto que podría haber orientado su pretensión de solidaridad despolitizada hacia algunas causas en su propio país, como los casi 190.000 indigentes de la Ciudad de Buenos Aires (cuyo número se duplicó en sólo 3 años); o las comunidades indígenas despojadas de sus tierras y de los recursos esenciales para su subsistencia; o los 5.000.000 de niñxs que viven en la pobreza; o las decenas de presos políticos, periodistas perseguidos o encausado, o víctimas del gatillo fácil. Quizás el hijo de Lolita Torres no se haya enterado de estas situaciones: no se puede subestimar el poder del blindaje mediático.

A poco más de 1.500 Km de este evento se encuentra el país más pobre del continente. Desde hace semanas, las protestas masivas se encuentran con la violenta represión del gobierno de Jovnel Moïse, la que ocasionó al menos 8 muertos y 100 heridos. Comparte isla con Dominicana, a pesar de lo cual no se ha sabido de que Juan Luís Guerra manifestara preocupación por el país vecino. La situación humanitaria es gravísima, pero las organismos internacionales y la prensa hegemónica mantienen el silencio.

El recital de hoy pone de manifiesto el poder norteamericano, que crea una crisis, la agudiza, la utiliza para sus fines y es capaz de esconder (con ayudas inestimables de gobiernos y prensa) gran parte de la realidad.

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