USA-Cuba: Una denuncia que suena falsa

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En agosto pasado los Estados Unidos denunciaron que habían sufrido un «ataque sónico» en su embajada en La Habana. No se pudo verificar si el hecho existió, aunque varios supuestos afectados están ligados a organismos de inteligencia del país del norte.

Heather Nauert, periodista que se desempeña como vocera del Departamento de Estado, aseguró entonces que al menos 16 funcionarios de la embajada en La Habana habían experimentado  extraños síntomas físicos y neurológicos.

En aquel momento, la vocera aseguró que no estaban asignando responsabilidades aún; no obstante, la prensa norteamericana reprodujo aseveraciones de parte de organizaciones anticomunistas radicadas en Miami como el Directorio Democrático Cubano, según las cuales esas técnicas «ya habían sido practicadas» por las autoridades de la isla.

Medios de todo el mundo se hicieron eco del hecho, así como de la lectura norteamericana sobre los mismos. En nuestro país, por ejemplo, Infobae titulaba «Un ‘ataque acústico’ afectó a 16 funcionarios de la Embaja de los EEUU en Cuba: los especialistas revelaron que puede haber daño cerebral».  No hubo unanimidad en las distintas coberturas respecto de los efectos del ataque aludido, los que irían desde la «sordera» hasta daños neurológicos irreversibles.

Al poco tiempo se difundió que la supuesta agresión había afectado también a algún funcionario canadiense y que no se habrían limitado a la embajada, ya que una de las víctimas aludidas sólo estuvo en un hotel en el suele haber turistas norteamericanos.

Tradición de la CIA
Acusaciones contra Cuba por ataque sónico, podrían ser de bandera falsa

De acuerdo con el diagnóstico difundido desde la Casa Blanca, los diplomáticos habrían estado sometidos a la acción de un dispositivo sónico que opera fuera del rango del sonido perceptible.

Así comenzó  un conflicto diplomático que recuerda a los tiempos de la guerra fría: a fines de septiembre los Estados Unidos  retiraron a más de la mitad del personal de su embajada, la que había sido reabierta dos años atrás; días después, el gobierno de Trump expulsó a 12 diplomáticos cubanos. Curiosamente, pocos días atrás El Nuevo Herald había publicado que la administración norteamericana descreía de que Cuba estuviera detrás de los ataques, luego de que las autoridades de la isla mostraran su intención de colaborar con la investigación sobre los hechos.

Científicos Escépticos

El New York Times consultó a diversos especialistas sobre el posible ataque. El medio neoyorkino cita a varios especialistas, principalmente en acústica, que pusieron en duda de que sea viable producir efectos sobre las personas mediante; entre las objeciones que refleja el artículo se destaca que los sonidos por debajo de las frecuencias audibles son difíciles de centrar para un ataque, en tanto que hipotéticas armas basadas en ultrasonidos (por encima del espectro que puede escuchar el ser humano) no pueden viajar grandes distancias y perderían potencia al atravesar las paredes.

En resumen, los científicos coinciden en que la investigación de las causas de los síntomas que -al parecer- aquejan a los diplomáticos no debería comenzar por la hipótesis de un arma sónica desconocida; incluso Timothy Leighton , profesor de Acústica Ultrasónica y Submarina de la Universidad de Southampton, sugirió que la causa podría relacionarse con la ansiedad provocada por el conocimiento del supuesto ataque.

Del lado cubano el Coronel Ramiro Ramirez, jefe de Seguridad Diplomática del Ministerio del Interior, explicó que realizaron una investigación sobre 2.000 personas y han llegado a la conclusión de que el mentado ataque sónico «es totalmente falso». El Dr. Manuel Villar observó que no hubo ninguna persona afectada en el vecindario y que los Estados Unidos impidieron a los médicos de la isla conversar sobre el tema con sus pares estadounidenses.

A pesar del diagnóstico mencionado más arriba, según el cual el arma hipotética operaría en frecuencias por fuera del rango de audición, se conocieron registros de audio de los posibles ataques; éstos fueron recolectados por la agencia Associated Press y difundidos en todo el mundo (en Argentina lo reflejaron Infobae, Clarín y La Nación). Al respecto, los científicos cubanos señalaron que las grabaciones no muestran «niveles acústicos dañinos para la salud».

No sería la primera vez

Si el supuesto ataque sónico resultara una mentira, no sería la primera vez que administraciones norteamericanas usan operaciones falsas para justificar agresiones contra otros países.

Recientemente se conocieron 2800 documentos desclasificados relativos al asesinato del ex mandatario norteamericano John Fitzgerald Kennedy (JFK). En ellos se revelaron planes de la CIA que datan de los años ’60, en el que se proponían generar atentados reales o simulados contra balseros cubanos e incluso en ciudades norteamericanas, culpando de ellos al gobierno comunista para conseguir adhesión social a una eventual invasión. Por ejemplo, un documento enviado a sus superiores en 1962 por Edward Lansdale – un general vinculado a los servicios secretos norteamericanos y con altas responsabilidades en el programa de inteligencia anticubana conocidas como «operación mangosta»- describe algunos de estos posibles atentados y su aprovechamiento publicitario.

En el incidente actual -que la administración Trump se apura a calificar de «ataque»-, los primeros afectados fueron -casualmente – espías norteamericanos. La agencia norteamericana Associated Press dio a conocer ese detalle como si eso en sí demostrara que se trató de una maniobra cubana contra los espías.

Lo cierto es que los diagnósticos médicos no han sido publicados ni sometidos a la consideración de expertos independientes (ni siquiera con el fin de arrojar luz sobre el hecho), que la prensa norteamericana oficialista  y sus afines por el mundo no muestra ni siquiera asombro de que el ataque implicara frecuencias ultra o infra sónica y luego fueran captadas y grabadas, ni aciertan a explorar hipótesis diferentes a las que expone el Departamento de Estado, ni se aportó oficialmente una descripción de los síntomas que fuera pasible de evaluación.

Para medios cubanos, las denuncias podrían formar parte de un ataque de bandera falsa, como tantas veces usaron los gobiernos norteamericanos para justificar escaladas bélicas.

 

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