OEA, o Cómo mentir con Estadísticas

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La OEA difundió su informe final sobre las elecciones en Bolivia, con más de 40 días días de retraso y exhibiendo graves errores metodológicos.

Luís Almagro. titular de la OEA, activo promotor del Golpe en Bolivia (imagen: Colectivo Resistencia)

El documento enumera una serie de deficiencias en el proceso de gestión informática -ya consignados en el informe preliminar- y centra su

En concreto, el equipo de la OEA detectó irregularidades en 226 actas, en las cuales constató que una misma persona había llenado varias de las mismas en un mismo centro de votación

Sin sustento

El informe describe los hallazgos de un «ejercicio» en el que «se buscó analizar posibles adulteraciones o manipulaciones se revisó una muestra de 4692 actas». Dicha muestra no se realizó al azar: el equipo seleccionó aquellas en las que el Movimiento Al Socialismo (MAS) había obtenido más del 90% de los votos, que fueron registradas con posterioridad a la suspensión del sistema de carga, o que fueron incorporadas luego de que finalizara el informe del escrutinio provisorio que se publicaba en el TREP. Por lo tanto, ese conjunto de actas no es representativo del total de las planillas, ya que no existen elementos para asegurar que se encontrarían problemas similares en otras actas. Al no tratarse de una muestra aleatoria (donde todas las actas tuvieran igual probabilidad de ser analizadas), y -por el contrario- tratarse de una selección intencionada, queda invalidada la posibilidad de inferir (es decir, hacer una estimación con una probabilidad de acierto determinada) conclusiones sobre la totalidad.

Cabe señalar que hay mesas en las que el binomio opositor a Evo Morales alcanzó más del 70% de los sufragios válidos, sobre todo en mesas de Santa Cruz de la Sierra. La OEA asume que en las planillas correspondientes a esas mesas los resultados son correctos y no le llaman la atención; pero, ¿qué hubiera pasado si la carga de los votos hubiera dejado a esa zona para el final? La diferencia a favor de Evo hubiera sido mayor a la final y eso no hubiera significado que las planillas cargadas en el último tramo tuvieran irregularidades;

El informe destaca que las irregularidades detectadas «corresponden al análisis de apenas un
13,5% de las mesas de votación. Se infiere, por lo tanto, que un análisis del 100% de las actas arrojaría
un mayor número de irregularidades». Sin embargo, como se explicó más arriba, tal inferencia es imposible. Sería esperable que se encuentren más irregularidades, incluso podría ocurrir que haya actas que computaron un mayor número de votos a la oposición del que efectivamente se registró en las mesas; el trabajo de la OEA elije no verificar ni comprobar de manera rigurosa, pese a haberse tomado 44 días más del plazo en el que se había comprometido.

A pesar de esas debilidades, la redacción del informe considera muy probables a ciertas situaciones que no se ocupó de comprobar; de hecho, los votos al MAS cuestionados por el trabajo son 34.718 sobre un total de más de 6.000.000. Si esos votos se eliminaran del cómputo del partido de Evo Morales, aún mantendría una ventaja superior al 10% respecto del segundo, lo cual hubiera continuado asegurando la reelección de Morales. Además, poner en tela de juicio esas actas no significa que en las mesas en cuestión el MAS no hubiera recibido sufragios; resultados así serían mucho más raros que aquellos sobre los cuales pusieron la mira los auditores.

La contundencia de las palabras que emplea el informe contrasta con la insuficiencia de elementos para sostener esas afirmaciones. La intencionalidad política queda aún más en claro cuando asegura no haber podido «profundizar» en el trabajo debido a que » parte del material electoral de los departamentos de Potosí, Chuquisaca y Santa Cruz
fueron incendiados»; omite señalar que esos daños fueron ocasionados apenas pasadas las elecciones por opositores a Evo Morales, en el marco de los «paros cívicos» convocados para desconocer los resultados de los comicios.

Mentir con estadísticas

En el año 1954, el escritor Durrel Huff publicó «Cómo mentir con Estadísticas», uno de los libros más leídos de la historia de esa disciplina.

En el primer capítulo, el autor repasa varios casos en los que se utilizan muestras no representativas para sustentar afirmaciones sobre los cuales no se pueden obtener conclusiones. Una parte sustancial del informe de la OEA se basa en ese error, sin reconocerlo y desdibujando las debilidades (y fallas) metodológicas detrás de una redacción que aparenta expresar conclusiones definitivas.

«Para que un informe basado en una muestra tenga valor, debe utilizar una muestra representativa, donde se hayan eliminado todos los posibles factores de influencia», escribió Huff hace más de 70 años, aunque esas palabras tienen plena validez en la actualidad.

El informe sería apenas un caso más para explicar cómo no utilizar la estadística, si no fuera porque se usó y se sigue utilizando para dar legitimidad a un golpe de Estado, cuyos protagonistas son responsables de violaciones a los derechos humanos, según constataron la CIDH y numerosos periodistas independientes.

Es llamativo, no obstante, que ni el último informe ni el actual hablan de «fraude» ni sugieren la existencia de un fraude masivo; el documento realiza afirmaciones sin suficiente sustento, pero el titular de la OEA lo usó para sostener posturas que no constan en el material publicado.

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