Francia: el neoliberalismo sin máscaras

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A Macron no le alcanzó con suspender la suba de combustibles; el gobierno endurece la  represión y busca dividir a los manifestantes, pero no ha logrado contener las protestas, que amenazan con expandirse a otros países de Europa.

Estudiantes franceses arrestados
Estudiantes secundarios arrestados y de rodillas en Mantes la Jolie

En el marco de las protestas crecientes, el jueves último fueron detenidos 700 estudiantes secundarios. La dureza de la represión quedó de manifiesto en un vídeo que  se viralizó en las redes, en el que se muestra a decenas de menores arrodillados y con sus manos sobre la cabeza; las imágenes fueron tomadas en Mantes La Jolie -municipio de Yvelines al noroeste París. En toda Francia, los estudiantes habían ocupado 260 colegios.

Al comienzo de este sábado, la policía realizó 400 «detenciones preventivas» para poner freno a las manifestaciones convocadas para ese día, según informó el medio inglés The Guardian.

Posteriormente, el Ministro del Interior del gobierno de Macron, Christophe Castaner, informó que en todo el país se habían movilizado 125.000 personas, y que habían sido detenidas 1.385.

El último dato es un indicativo de la ferocidad del operativo represivo, para el cual se movilizaron 89.000 policías y gendarmes en todo el país, 8.000 de los cuales se desplegaron en la capital francesa. Para contener a la protesta, las fuerzas de seguridad emplearon balas de goma y gases lacrimógenos,

Cuando asumió Macron, Francia tenía un desempleo juvenil del 23,7%, un endeudamiento que alcanzaba al 96% del PBI y la balanza comercial reportaba un rojo de 60 millones de euros. Frente a ese cuadro, el presidente que asumió en mayo de 2017 decidió adoptar una típica política de «austeridad», impulsando la flexibilización laboral, privatización de empresas públicas y recortes en el sistema previsional. También emprendió reformas en la educación, entre las cuales se destaca la de limitar el acceso a carreras universitarias. La medida de incrementar los precios de los combustibles, detonante de las protestas, tiene el mismo fundamento.

El intento del gobierno de apaciguar los ánimos suspendiendo la suba de combustibles fue tardía e insuficiente; el movimiento no se conforma ya con una medida puntual, sino que debate una serie de exigencias que ponen sobre la mesa para quién se destinan las políticas del Estado.

Represión a chalecos amarillos
El gobierno de Macron endurece la represión

Las medidas «de austeridad» que intenta imponer el gobierno afectan fuertemente a sectores de menores ingresos. Varios manifestantes enfatizaron que el salario mínimo en Francia es de 1.498 euros (por 35 horas a la semana), mientras que un alquiler puede rondar entre los 600 y los 800 euros; también señalaron que la suba de combustibles golpea en lxs trabajadorxs que deben trasladarse grandes distancias para llegar al lugar de trabajo.

En estas cuatro semanas, la protesta se expandió numéricamente y acentuó su carácter político: se multiplicaron los pedidos de dimisión de Macron al tiempo que los partidos políticos se vieron ante un escenario que los fuerza a tomar posturas más definidas.

Ante ese escenario cada vez más complejo y con múltiples actores, el gobierno sólo atina a endurecer la represión e intentar dividir a los manifestantes. Hasta el momento, al menos, ni las medidas pro mercado ni las estrategias represivas han logrado detener un movimiento que, además, empieza a extenderse a otros países de Europa.

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