Yo no fui

El Fondo Monetario reconoció que el programa económico acordado con Macri fracasó y que la fuga de divisas fue grave, pero destacó que las medidas eran consistentes con las políticas del organismo. Mientras tanto, pretende ajustes más profundos para acordar con el gobierno actual.

Ilustración de Colectivo Resistencia para el periódico Liberación

El mismo día en el que el gobierno argentino pagaba u$d 19.000 millones al Fondo, el organismo publicaba la evaluación Ex-Post del acuerdo Stand-by que originó esa deuda. Los  técnicos del Fondo reconocen allí que el acuerdo no cumplió con los objetivos planteados, aunque no consideran que tengan responsabilidad en ese fracaso.

El informe asegura que «se cumplieron los objetivos de equilibrio fiscal del programa, pero las necesidades de financiamiento y la deuda medida en moneda nacional continuaron aumentando».

Para el Fondo el problema de la Argentina no fueron sus recetas sino -en todo caso- que se aplicaron sin la suficiente crudeza. Los técnicos observaron que la gestión macrista cumplió con la meta de reducir el déficit fiscal «principalmente mediante la reducción de los gastos», operada por la reducción de sueldos y jubilaciones a manos de la inflación. En cambio, entre los aspectos que el fondo considera que el gobierno no logró «reducir la masa salarial y los subsidios a la energía». Dicho de otra forma, para el organismo los salarios no bajaron lo suficiente y los tarifazos se quedaron cortos.

El ajuste que nunca alcanza

La depreciación de la moneda argentina llevó a que el peso de la deuda creciera respecto del PBI.  La suba de la moneda estadounidense frente al peso argentino revirtió los resultados aritméticos del ajuste, ya que el gobierno gastaba menos en las necesidades domésticas pero los compromisos en monedas extranjeras se hicieron mucho mayores respecto del PBI nacional.

En ese sentido, el documento señala que el gobierno de Macri redujo el déficit fiscal, pero sólo mediante medidas excepcionales que no se sostendrían en el tiempo. Para los técnicos del Fondo, el congelamiento de tarifas y los beneficios impositivos a PyMEs  -aunque  también eran provisorias- causaban «incertidumbre fiscal».

Un factor determinante para desconfiar de que Argentina pudiera reunir los dólares para pagar sus deudas fue la fuerte devaluación de la moneda nacional.  En ese cuadro -reconoce el informe- jugó un papel destacado la fuga de capitales, que vincula a la «pérdida de confianza», ya que las mayores salidas de divisas se dieron en el ámbito privado.

El documento relata que la depreciación de la moneda nacional «se aceleró después del anuncio de solicitud de SBA (el acuerdo de Stand-by en cuestión, NdE)», lo que continuó hasta la renovación del acuerdo en septiembre de 2018, cuando el Fondo aceptó aumentar el monto del crédito hasta los u$d 57.100 millones. La por entonces directora del organismo internacional, Christine Lagarde, elogiaba el programa económico del macrismo, considerándolo «reforzado» y orientado a «afianzar la confianza y estabilizar la economía».

Ya con el diario del lunes, el Fondo concluye que «el desempeño macroeconómico no alcanzó las proyecciones iniciales del programa». Al respecto, señala la caída del PBI mayor a la prevista originariamente, y el retroceso del consumo doméstico, de la mano de la inflación tres veces superior a la pronosticada, cuadro que -a su vez- relacionan con la devaluación mencionada más arriba.

La posibilidad de que las reservas del Banco Central aumentaran fue socavada por la fuga de capitales y el pobre resultado de la cuenta corriente (es decir, de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios).

Así, en las palabras de los técnicos del Fondo, todos los resultados fueron peores que los previstos en el escenario más adverso proyectado en el acuerdo entre la entidad y el gobierno macrista.

El Fondo se lava las manos

En el apartado de evaluación, los técnicos consideran que el diagnóstico previo al acuerdo «no era irrazonable», aunque se volvió menos sostenible a medida que avanzaba la implementación. La responsabilidad de tal deterioro fueron, para ellos, las «debilidades fiscales de larga data y plagada de distorsiones».

A juicio del FMI, el programa acordado con el macrismo «siguió el diagnóstico inicial del problema», llevando adelante un ajuste que «eliminara los desequilibrios» pero no ocasionara «una recesión brusca».  El fracaso tendría que ver con haber tomado como transitorios a problemas de «larga data» en la economía argentina, así como «la estructura de la economía y la política» en el país.

Desde una postura ideológica que enfatiza las decisiones privadas -de allí la necesidad de generar «confianza», los técnicos consideran que la magnitud del préstamo (el mayor en toda la historia del organismo) podría haber llevado a muchos actores a pensar que el problema a resolver era muy grande; además, aunque el programa preveía originalmente que los desembolsos se realizarían sólo en la medida en que fueran necesarios, «los mercados» estaban preocupados de que esos envíos no se concretarían, desacreditando el objetivo de mostrar fortaleza en el gobierno.

En el apartado C, los técnicos abordan específicamente el problema de por qué fracasó el programa acordado con el macrismo. Allí apelan nuevamente al tema de la confianza, cuya restauración estaría fuera de las posibilidades del Fondo, debido a los problemas estructurales de la economía argentina (la escasa base exportadora, la imposibilidad de obtener financiamiento interno y la dolarización, entre otros) y a la proximidad de elecciones al momento de realizarse el acuerdo. Esta última consideración es llamativa, ya que en el país hay elecciones cada 2 años. Sin embargo, permite entender por qué algunos sectores políticos reniegan desde hace un tiempo con la frecuencia con que se realizan los comicios.

El siguiente punto refuerza un concepto clave: para el Fondo, la interacción entre la política y la economía constituye una debilidad difícil de superar. Los técnicos destacan que el FMI quiería evitar un ajuste demasiado extremo, pero remarcando que algún grado de ajuste es necesario.

Más allá de las causas invocadas o visualizadas por el FMI, la evaluación considera que el programa implementado «terminó con una postura de política procíclica (es decir, acentuando la crisis, NdE) , posiblemente empeorando la fuga de capitales en lugar de impulsar la confianza«.

Siga, siga (el ajuste)

Las conclusiones de la evaluación dan pistas sobre la actitud que el Fondo puede tener de cara a las negociaciones con el actual gobierno argentino.

Para la entidad, la profunda recesión, la depreciación drástica de los ingresos de los argentinos, la elevada inflación y la caída en la producción no tienen tanto que ver con las medidas que acordó con el macrismo sino con los problemas estructurales de la economía. Por lo tanto, sería coherente que exija al gobierno de Alberto Fernández reformas profundas que «restauren la confianza» de los mercados, aún si traen consigo mayores deterioros para la economía de los ciudadanos de a pie.

Según el periodista económico Carlos Burgueño, en un artículo publicado en Ámbito Financiero, los negociadores del FMI reclaman a la representación argentina un déficit fiscal menor al que proyectó el ministro Guzmán.  De ser así, no habrá servido de mucho que este año cierre con menos déficit del que preveía el presupuesto.

Distintas fuentes coinciden en que el menú de  exigencias del Fondo se completará con devaluación, eliminación de subsidios a servicios, medidas que pesarán sobre gran parte de la población y con muy probables consecuencias inflacionarias (véase por ejemplo elDiarioAr, El Cronista)

La gestión del Frente de Todos intentará postergar por varios años los pagos previstos para 2022, que -según lo acordado en 2018- alcanzan los u$d 19.000 millones. La única figura que el FMI contempla para viabilizar esa pretensión es el Acuerdo de Facilidades Extendidas (denominado por la entidad internacional como Servicio Ampliado del FMI). A través de ese mecanismo la entidad que preside Kristalina Gueorguieva «prestaría» recursos que el país nunca vería, porque irían a pagar el anterior Stand-by.

Pero para llegar a esa instancia, el Fondo exigirá un programa que implemente las «políticas necesarias para corregir desequilibrios estructurales durante un período prolongado».

La lectura de la Evaluación Ex Post del programa instalado en 2018 no permite esperar que el FMI contemple políticas distintas a las que ha venido impulsando desde hace años.

ExPostEvaluationStandByMacri
Print Friendly, PDF & Email

About ANCLA Agencia de Noticias y Comunicación

View all posts by ANCLA Agencia de Noticias y Comunicación →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.