Los impuestos tan temidos

¿Son tan altos los impuestos en la Argentina como aseguran economistas y sectores empresariales? ¿cómo es en otras partes del mundo? ¿los países con menos impuestos tienden a tener mayor crecimiento económico?  Aquí reunimos algunos datos para debatir estos temas.

Imagen de dominio público tomada de https://www.maxpixel.net/Horns-Horror-Symbol-Demon-Devil-Black-Satan-2374369

En medios económicos argentinos y en la prensa masiva en general, es común leer afirmaciones como «Argentina y su presión tributaria sin freno» (Infobae, 20/11/2021), «La Argentina lidera un ranking de presión impositiva mundial» (Ámbito Financiero, 7/01/2020), «Advierten que Argentina tiene la mayor carga impositiva mundial» (IProfesional, 30/06/2021), «Uno por uno, estos son los 165 impuestos vigentes en la Argentina» (Clarín, 18/04/2022) entre muchos otros. Los artículos en cuestión a veces llevan la firma de profesionales con título en Economía o los suscribe directamente la editorial del medio en cuestión.

Esos titulares sugieren que un problema grave de la economía argentina es el peso excesivo de los impuestos. De ello se desprende que nuestro país tiene un sistema impositivo particularmente nefasto y que bajar los impuestos sería imprescindible para que la economía crezca.

Pero ¿existen evidencia de que esto es así, o se trata sólo de miradas parciales o equívocas? A continuación presentamos datos obtenidos de organismos internacionales respecto de los temas en discusión.

Presión fiscal

La presión fiscal o presión tributaria es la cantidad de dinero que los tributarios (quienes contribuyen, sean particulares o empresas) están obligados a abonar al Estado, medida en relación con el PBI.

La cuenta es sencilla: se dividen los ingresos totales (por impuestos y contribuciones) por el PBI total, multiplicándose por 100 para obtener el porcentaje. En 2020, último dato publicado, la presión tributaria argentina llegó al 29,4%.

Ese porcentaje está muy lejos de ubicarse entre los más altos del mundo.

De acuerdo con el portal español Datosmacro.com, en base a datos oficiales, nuestro país se ubica en el lugar 40 sobre 116 países. Por encima de Argentina se encuentran -por ejemplo- Dinamarca (47,4%), Francia (47,3%), Suecia (43,7%), Reino Unido (32,8%), Nueva Zelanda (32,2%) y Brasil (31,6%). Entre los países con mayor desarrollo económico sólo dos muestran menor presión fiscal: Estados Unidos (25,5%) y China (22,1%), que son -quizás no casualmente- los dos con mayores ingresos fiscales totales.

Es interesante ver quiénes están en la parte más baja de esa lista figuran países africanos como Nigeria (6%), República Democrática del Congo (7,6%), Madagascar (11,2%) que se encuentran entre los de menor PBI per cápita en el mundo.

Si miramos los datos publicados por el Banco Mundial sobre los ingresos por impuestos, la ubicación de los países es similar. Mientras Dinamarca recauda un 34,3% de su PBI, Nueva Zelanda un 28,2% y el Reino Unido un 24,9%, la Argentina apenas percibe un 10,5%, por debajo del promedio mundial de 14,9%.

Mirando la evolución de ese indicador a lo largo de los años, se advierte que en líneas generales ha permanecido casi constante en muchos países, como lo muestra el gráfico adjunto (tomado del sitio del Banco Mundial).

Estos datos -o datos similares- ilustraron muchos artículos críticos (véase, por ejemplo, el texto de Alejandro Rebossio en ElDiario.ar, o el de Juan Corvaglia para Canal Abierto), sin haber sido contravertidos. Sin embargo, un artículo publicado en Ámbito Financiero sostiene que Argentina tendría la segunda mayor presión impositiva del globo «si es que todos pagaran los impuestos como indican las normas». El argumento del texto firmado por Carlos Lamiral (basado en  informes de la Fundación Mediterránea y la «Fundación Libertad y Progreso», ambas de orientación liberal) es que la evasión es la verdadera razón por la que la presión fiscal efectiva es menor a la de los países desarrollados. Según la Fundación Mediterránea, la evasión fiscal llega al 60%.

La leyenda de los 165 impuestos

El mes pasado, diversos medios de comunicación (Clarín, Infobae, El Cronista Comercial -entre otros-) presentaron el mismo “dato” con titulares sugestivos respecto de lo excesiva que sería la carga impositiva. Las comunicaciones versaron sobre los supuestos «165 impuestos» que se cobrarían en el país. Algunos de esos medios presentaron el tema como ejemplo de la «presión tributaria» (El Cronista), en tanto que otros hicieron hincapié en el listado de esos gravámenes (Clarín, Infobae, La Nación, El Cronista, entre otros). Muy pocos tuvieron el prurito de especificar en el título que no se trataba sólo de impuestos, sino que se incluían tasas y contribuciones (Infobae por ejemplo) y menos aún los que señalaron que unos pocos de esa lista son lo que tienen un incidencia relevante en la recaudación (La Nación).

Los artículos referidos en el párrafo anterior se originan en un informe publicado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), entidad presidida por el economista Nadin Argañaraz, quien fue Subsecretario de Desarrollo del Ministerio de Hacienda en 2018, luego de haberse desempeñado como asesor de Alfonso Prat-Gay.

La lista de IARAF no sólo tuvo repercusión en la prensa de mayor llegada. También sirvió de base a l discurso de referentes políticos que se oponen a nuevos gravámenes, como la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal.

A pesar de su amplia difusión, el informe de IARAF presenta importantes debilidades metodológicas que fueron destacadas por otras instituciones. En particular, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) desmenuzó el trabajo referido, señalando que en el mismo hay «una infinidad de conceptos tributarios mezclados», ya que el listado contabiliza tanto impuestos propiamente dichos -nacionales, provinciales y municipales- con tasas, contribuciones, derechos y otros tipos de tributos de índole diferente.  CEPA también destaca que IARAF incluye entre los tributos a los aportes al sistema de seguridad social que realizan lxs trabajadorxs, que nada tienen que ver con impuestos y que recae sobre lxs empleadxs.

La revisión de CEPA concluye que sólo 60 de los tributos y otros aportes enumerados son realmente impuestos. Además, el peso y la extensión de los mismos es extremadamente dispar, ya que entre 5 de ellos el Estado nacional recauda más del 90% de sus ingresos impositivos. Los 3 más importantes en términos de ingresos fiscales son el IVA, Impuesto a las Ganancias, y los gravámenes al comercio exterior, que suman entre ellos más del 80%. Los ámbitos en los que se aplican también son muy diferentes, de modo que una persona o empresa nunca pagará el conjunto de impuestos listados.  Por lo tanto, la enumeración de todos en pie de igualdad, como hacen IARAF y los medios que lo tomaron como referencia, sólo aporta a la confusión.

¿Quiénes pagan?

Los discursos políticos que abogan por una reducción de los impuestos sostienen, en general, que los mismos frenan la producción porque incrementan costos para las empresas. En cuanto a los gravámenes que se basan en el patrimonio personal, suele aducirse que los mismos también desalientan a la inversión.

Lo que Argentina pierde por la fuga de ganancias empresarias hacia paraísos fiscales (Fuente: missingprofits.world)

Si embargo, los datos sobre la recaudación fiscal muestran que el principal ingreso del Estado por esos conceptos se origina en el IVA (Impuesto al Valor Agregado), un impuesto que es de carácter regresivo porque todxs lo pagan por igual sin considerar los ingresos de cada unx.
El impuesto a las Ganancias, en cambio, es progresivo porque obliga a pagar más a quienes tienen más ingresos. No obstante, ese tributo afecta a una parte de asalariadxs y explica una proporción menor de la recaudación de la que representa en otros países. Así, por ejemplo, los impuestos a la renta, utilidades y ganancias del capital constituyen más del 91% de los ingresos impositivos de Estados Unidos, y casi el 55% en Noruega (según datos del Banco Mundial), mientras que -según la misma fuente- en Argentina representa un 14,9%. Las cifras del Banco Mundial corresponden a 2019; los datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso indican que en 2021 esa proporción llegó al  21,3%. Por otra parte, el  máximo porcentaje que se percibe en Argentina sobre los ingresos personales -35%- está muy por debajo del que se recauda en países europeos (Dinamarca, 55%; Países Bajos, 50%; Francia, Alemania y Reino Unido, 45%).

El artículo de Lamiral mencionado más arriba pone de relieve otro aspecto clave: la elevada evasión fiscal. El periodista de Ámbito Financiero no se interesa en quiénes son los beneficiarios de ese escenario, aunque hay indicios atendibles sobre los protagonistas de los mayores incumplimientos tributarios.

Los economistas referidos por Lamiral explican la alta evasión en la informalidad de la economía, que «se estima entre el 35% y el 40%» en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Cabe señalar que en el último informe del Mercado de Trabajo de la EPH, la cantidad de asalariados a quienes no se les practica el descuento jubilatorio es del 33,3%, siendo éste un indicador importante de la informalidad. Ese cuadro, sin duda, incide en la baja recaudación tanto de impuestos como de contribuciones; no obstante, revela muy poco sobre los protagonistas de la evasión.

Un estudio realizado a nivel internacional por investigadores de la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Copenhague concluyó que cerca del 40% de las ganancias multinacionales se desvían hacia guaridas fiscales (también llamadas «paraísos fiscales»), lo que totaliza unos 90.000 millones de dólares y representa alrededor de un 10% de pérdida de ingresos impositivos para los países.

La investigación se basa en una base de datos sobre el destino de las ganancias de empresas a nivel mundial. Los firmantes son Thomas Tørsløv -economista, integrante del Ministerio de Hacienda de Dinamarca-, Ludvig Wier -Ministro de Finanzas en el mismo país, y Gabriel Zucman, catedrático de la Universidad de California en Berkeley.

En el caso de Argentina, la publicación sostiene que se pierde el 9% de los impuestos a las corporaciones por las transferencias a paraísos fiscales. Ese porcentaje fue en aumento durante los años que abarca el trabajo, pasando del 5% en 2016 al 9% en 2018.

Panacea floja de papeles

La línea argumental de quienes rechazan la instauración de nuevos impuestos, o propugnan la eliminación de gravámenes, se basa en que la disminución de los mismos alentaría la inversión y -con ello- el crecimiento económico.

Las lecturas sobre el tema  tienen un fuerte sesgo ideológico, ya que apuntan a la forma en que se financia el Estado y el rol que éste cumple en la economía. La principal fuente de recursos de los Estados en todo el mundo son los impuestos, que representan más del 50% de los ingresos del fisco en todos los países, y en la mitad de ellos ronda el 80% (Esteban Ortiz-Ospina and Max Roser (2016) – «Taxation». Publicado en OurWorldInData.org. Recuperado de: https://ourworldindata.org/taxation).

Los países ubicados más arriba tienen mayor PBI per cápita. Más hacia la derecha significa mayor presión fiscal (Fuente: Banco Mundial)

A su vez, entre los distintos países hay fuertes diferencias respecto a lo que se grava y en qué proporcionen lo hacen. Los datos de OurWorldInData.org muestran que los países desarrollados recaudan por impuestos un porcentaje mucho mayor de la producción nacional que en los países «en desarrollo». A su vez, en los primeros los gravámenes se centran en las ganancias, mientras que en los segundos se perciben sobre el comercio y el consumo, como ocurre en Argentina.

Esas heterogeneidades permiten comprender cómo China, por ejemplo, tiene una «presión fiscal» menor a la de Argentina, pero donde la fuga hacia guaridas fiscales explica apenas una pérdida del 3%.

Lógicamente, la obtención de mayores recursos por vía impositiva tampoco garantiza un Estado económicamente activo. El destino de esos recursos administrados por los gobiernos pueden tener consecuencias completamente diferentes.

En cualquier caso, el tema de qué se cobra, cuánto y qué destino se da a la recaudación fiscal son temas complejos sobre los cuales los informes de prensa frecuentemente presentan esquemas simplificados con sólo algunas variables o algunos datos que justifiquen las intenciones editoriales.

En Argentina se debate en estos días un nuevo gravamen sobre rentas extraordinarias y un impuesto sobre el capital fugado. Para que el análisis de esas iniciativas sea fructífero es necesario poner sobre la mesa no sólo las posibles consecuencias de aumentar los impuestos, sino también un esquema tributario regresivo, el peso y los mecanismos de la evasión, las posibles inconsistencias del conjunto de gravámenes y, claro, el destino que el Estado dé a los fondos. En ese aspecto, cobrar una tasa sólo para honrar la deuda con el Fondo Monetario podría ser ineficaz para encaminar la economía hacia un horizonte de desarrollo e independencia.

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