Fuga y Misterio

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El Central prevé destinar miles de millones de dólares a aplacar al dólar, generando nuevas amenazas a futuro. La fuga de divisas sigue; el misterio es cuando detonará una nueva corrida.

Una corrida cambiaria pondría en riesgo las pretensiones de reelección del gobierno de Macri. Mantener el dólar calmo, al menos hasta las elecciones, parece ser un objetivo prioritario para la política económica oficial, sin importar las consecuencias que pudiera acarrear a futuro.

El dólar como tema central

Días atrás, el titular del Banco Central, Guido Sandleris, expresó que «están los dólares ahí para que se los lleven». En un contexto en el que la fuga de capitales es el principal destino del endeudamiento, la frase evidencia la disposición de la autoridad monetaria de garantizar que aquélla continúe, en tanto mantenga el precio del dólar dentro de márgenes electoralmente presentables.

El funcionario aseguró que en el segundo semestre la entidad estará ofreciendo en total u$d 16.000 millones; esa cifra, sumada a lo que espera el gobierno que liquide el sector agroexportador en el período, sería suficiente -según Sandleris- para mantener la tranquilidad cambiaria.

Entre enero y mayo la fuga de divisas alcanzó los u$d 9.532 millones, algo más de u$d 1.900 millones por mes en promedio. Para los próximos meses, el Central está dispuesto a seguir vendiendo u$d 60 millones diarios, unos u$d 1.200 millones mensuales; de mantenerse el nivel de fuga actual, esas erogaciones no alcanzarán a cubrirla.

Sandleris confía en que las herramientas de que dispone el Central alcanzarán para apaciguar un escenario en el que la demanda de dólares sea superior a la que desencadenó la corrida que arrancó en mayo del año pasado y que tuvo fuertes consecuencias en el deterioro de los ingresos de la mayoría de la población.

Sin embargo, la proximidad de elecciones con resultado incierto podría llevar a inversores a tomar en dólares las ganancias que les genera el combo de moneda estable/tasas más altas del mundo (mediante la bicicleta financiera); por otra parte, la expectativa de una suba fuerte de la divisa en los meses siguientes constituye un factor que empujará a las empresas importadoras a tratar de adelantar sus compras, para lo que necesitarán billetes verdes.

Los vaticinios negativos van más allá de las lecturas de la izquierda o del kirchnerismo; desde la ortodoxia más montana también señalan que el actual equilibrio «no es sano», en palabras del economista liberal Iván Cachanosky, precisamente por los factores que empujan a la demanda de dólares y que en algún momento no será posible sostener.

A partir de esas advertencias comunes, las lecturas divergen: desde la derecha se apunta a profundizar el ajuste y a eliminar regulaciones, aunque ello implique la desprotección más profunda para amplios sectores de la sociedad.

Muchxs analistas coinciden en que la cercanía de las elecciones propiciará la demanda de dólares, por la toma de ganancias de la Bicicleta, la conversión de inversiones de pesos a dólares y la venta de títulos en pesos. Una perspectiva de derrota electoral del oficialismo podría acelerar esas decisiones.

Aceleradas o no, estos factores tomarán fuerza en algún momento, presionando hacia una nueva corrida de consecuencias importantes.

La inyección de dólares hoy alimenta la fuga; y agrande el misterio de cuándo se cobrarán los esfuerzos de mantener la relativa paz cambiaria actual.

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