La alegría ya no es brasileña

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Con el 94,67% de las mesas escrutadas, el ultraderechista Jai Bolsonaro gana por 55,54% a 44,56%.

Bolsonaristas furiosos
Partidarios de Bolsonaro en una marcha contra la «ideología de género». Foto: Daniel Arroyo

En el marco de una campaña basada en el odio, la descalificación y el uso de las redes para esparcir noticias falsas, muchos simpatizantes de Bolsonaro pasaron a la acción: el Mestre Moa do Katendê y el joven hijo de una dirigente sindical fueron víctimas mortales de una furia fascista.

Bolsonaro aseguró ante una multitud que metería presos a opositores, invitándolos a salir del país. Medios de prensa (insospechables de tener posiciones de izquierda) sufrieron amenazas, la policía invadió universidades, y el propio candidato denunció judicialmente a organizaciones estudiantiles y medios de prensa independiente.

El discurso violento no sólo apuntó contra sus adversarios electorales; atacó a movimientos feministas, al colectivo LGTTBI, a las organizaciones de trabajadores, a movimientos ambientalistas y de derechos humanos. En suma, la agresión se dirigió especialmente a las expresiones colectivas y de defensa de derechos comunes.

Nada de eso impidió que el diputado se alzara con una victoria que abre un camino oscuro y desconocido para los derechos civiles y para toda América Latina.

No se puede pensar que esos millones de brasileños que hoy avalaron al candidato derechista compartan su visión; pero el abrumador resultado legitima no sólo las prácticas ajenas al estado de derecho, sino las conclusiones de ese discurso de violencia.

El plan de gobierno de Bolsonaro

El Partido Social Liberal (PSL)  su programa en el sitio carlosbolsonaro.com.br. El lema de campaña es una traducción de dos consignas usadas por los Nazis: «Brasil encima de todo, Dios encima de todos».

En la cuarta página destaca con mayúsculas un aspecto central de la ideología que expresa el movimiento: la defensa de la propiedad privada, a la que declara inexpropiable.

Para el nuevo Brasil de que habla (y del que no explicita mucho), el programa parte de alcanzar un Brasil «libre de crimen, de corrupción y de ideologías perversas».

En el plano económico plantea un «presupuesto base cero», donde no hay recursos garantizados para nada (salud, educación o sistema previsional, por ejemplo) sino que deben solicitarse y justificarse a priori. Aunque la retórica reivindica permanentemente a Brasil, el programa propone privatizaciones masivas.

Plantea también la eliminación de las regulaciones protectoras de los trabajadores, llevando las negociaciones a nivel individual.

En cuanto a la prensa, habla de evitar regulaciones, lo que favorecerá a los grandes monopolios mediáticos.

El proceso de surgimiento del PSL y Bolsonaro muestra similitudes indudables con el nazismo, aunque el eje nacionalista deja lugar a un modelo económico de libre mercado claramente orientado los intereses transnacionales más concentrados.

Brasil empieza una nueva etapa, con la legitimación formal de una propuesta autoritaria y violenta; y en ese escenario se verá las formas que adoptan aquellas resistencias que se crearon y re-crearon en este período de fuerte división.

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