Balas de impunidad

Por Moira Millán

Cuando Robert Kennedy fue asesinado, Malcom X dijo: “Las gallinas al salir por la mañana de tu corral regresarán por la noche”. En ese punto, Malcolm perdió los estribos y llegó a afirmar que aquel homicidio venía a significar que las maldiciones siempre vuelven contra quienes las han lanzado, «igual que las gallinas vuelven al gallinero». La Norteamérica blanca, afirmó, llevaba años utilizando todos sus recursos con el propósito de reducir a los negros […] Ahora, todos esos esfuerzos se estaban volviendo en contra de sus líderes. Esa frase fue controversial ante el estupor y el dolor generalizado; sin embargo, era una manera muy gráfica para presentar una lectura de fondo. 

Moira Millán
Moira Millán. Foto: María Alaniz

En el día de ayer un ciudadano brasilero, intentó asesinar a la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. La conmoción y el repudio generalizado, movilizó a muchas personas. Sin embargo, muchas de las lecturas del acontecimiento son reduccionistas pues, o bien se lo presenta como un único hecho surgido por el accionar de un loco suelto, o bien como emanado de una conspiración exclusiva y única contra la mandataria. 

En ambos casos, se le atribuye al odio toda la responsabilidad. Sin embargo, creo que el odio y la impunidad juntos conforman el arma letal que gatilla contra la vida, donde el odio es su arma, pero la impunidad proporciona las balas. 

El odio y la violencia son el sedimento constitutivo de éste país. El poder que históricamente y hasta aquí siempre ha estado en manos de la casta privilegiada, beneficiaria del genocidio indígena, ha fortificado su impunidad en base a la indolencia. Empleando todos los medios para llevar a cabo sus caprichosos intereses, siempre mezquinos, siempre sanguinarios. Desde hace años venimos denunciando los asesinatos, las continuas agresiones, violencias de todo tipo perpetradas por el racismo oligárquico, rancio y abyecto de la Sociedad Rural, que encarna en gran medida toda esa violencia. Sin embargo no son los únicos. Hoy vemos como las democracias odiantes se imponen como un nuevo modelo de participación ciudadana. 

Los medios de comunicación, empresas cuyas patronales son los instauradores del odio, llevan adelante los linchamientos mediáticos, que no tardan en provocar acciones delictivas en los que ellos han sido los ideólogos. Así convierten el reclamo mapuche en terrorismo, en vagos a los trabajadores informales, en violentas a las mujeres movilizadas y continuaría la larga lista de títulos capciosos en sus noticieros. 

Hemos venido denunciando el peligro de tanta impunidad. El aparato judicial manipulado por ellos siempre se ha hecho el distraído cuando la sangre que gotea es la nuestra. No, no me sorprende de qué son capaces y qué intocables se han vuelto. El problema de la violencia siempre le pertenece al poder. No se resolverá cuidando mejor a la vicepresidenta. La seguridad, la libertad, el derecho a la vida no deben ser el privilegio de unos pocos, sino el derecho de los pueblos a vivir en plenitud. 

La única manera de acabar con las democracias odiantes es ponerle una mordaza a las vociferaciones de odio; es justicia para todas, todes, y todos, sin excepción, porque todas las vidas importan. 

Hoy fui a la marcha en este pequeño pueblo en el que me encuentro recluida terminando mi novela, donde un puñado de personas se reunió. No hubo palabras, ni discursos; los cantos nos subsumían a todes en la consigna que estábamos allí por Cristina. Hubiera querido aclarar que lo único que me impulsaba a estar allí es mi lucha contra la impunidad, es mi constante denuncia por los hechos de odio que emergen desde los prejuicios y la intolerancia. Tal vez, si no se convirtiera este grave hecho en un Boca- River, en el binarismo simplista de siempre, se entendería que lo que ayer sucedió es grave y trasciende a todas las personas, pero no es menos grave que las balas contra mi pueblo y contra cada cuerpa racializada sean el laboratorio que les permite medir el flujo de indiferencia. Si son capaces de arremeter gatillando a la vicepresidenta, ¿qué quedará para nosotras? Sé lo que es vivir acechada por el odio y la intolerancia, amenazada por quienes se atreven a todo. Total, nunca han pagado un alto costo por sus delitos.

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