Neoliberalismo sin caretas

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En medio de la pandemia, Bolsonaro flexibiliza a lxs trabajadorxs; en Chile se niegan licencias a quienes no tienen diagnóstico de COVID-19 confirmado, aunque hayan estado en contacto con personas infectadas.  Un vicegobernador norteamericano afirmó que muchos ancianos aceptarían morir para no frenar la economía.

El presidente brasileño Jair Bolsonaro emitió el domingo la Medida Provisoria N° 297 por la cual habilitaba la «suspensión del contrato de trabajo hasta por cuatro meses», en virtud del estado de «calamidad pública» dispuesto por el Congreso el 20 de marzo último.

En el mismo decreto se establecieron medidas de flexibilización laboral, posibilitando a los empleadores disponer la modificación de condiciones de trabajo por fuera de los convenios colectivos que correspondieran, así como la asignación de licencias. En particular, habilita a extender la jornada laboral de lxs trabajadorxs de la salud.

El rechazo masivo al decreto obligó a que el mandatario brasileño anule la posibilidad de suspender los contratos de trabajo, lo que hubiera supuesto que lxs trabajadorxs enfrenten las consecuencias de la pandemia sin percibir sus salarios habituales. Sin embargo, el resto del decreto sigue vigente.

En Chile, en tanto, la medida más fuerte adoptada en relación con la pandemia fue el toque de queda nocturno; no se establecieron a nivel nacional medidas de aislamiento social. Hasta el momento, sólo está permitido que un/a trabajador/a tome licencia si tiene diagnóstico positivo de COVID-19, pero no en el caso de haber estado en contacto con personas sospechosas de tener (y contagiar) la enfermedad. Recién hoy, 24 de marzo, el Ministerio de Salud anunció que se considerarán a quienes estuvieron en contacto con individuos efectivamente diagnosticados; de todos modos, si se realizan el test y da negativo, deberán reintegrarse de inmediato a las labores habituales (acaso como una nueva oportunidad para contagiarse).

Las posturas de esos gobiernos dejan en claro que las prioridades están en las ganancias empresarias antes que en la salud pública. Probablemente, quien haya expresado con mayor claridad esa concepción fue el vicegobernador de Texas, Dan Goeb Patrick: en una entrevista para FOX TV, ese dirigente del partido Republicano llamó a volver al trabajo y a la actividad normal para proteger la economía estadounidense; al mismo tiempo, afirmó que él preferiría morir antes que frenar la economía del país, y dijo estar seguro de que muchas personas mayores están de acuerdo con él.

Estados Unidos ya es el tercer país del mundo con mayor número de casos de COVID-19, con más de 52.000 confirmados y más de 670 fallecidos. Brasil ostenta la cifra más alta en Sudamérica, con más de 2200 casos y 46 muertes. Chile, por su parte, ya confirmó que al menos 922 personas contrajeron la enfermedad, de los cuales 2 han fallecido.

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