Una serie de pronósticos desacertados

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Macri prevé ahora una inflación del 30% para este año. Sus anteriores previsiones no aportan credibilidad.

El 23 de enero de 2016, los principales medios reprodujeron el prónostico de Mauricio Macri en Davos sobre la inflación de ese año: “va a estar más cerca del 20% que del 25%”. Allí también esgrimió otro de los tópicos recurrentes de sus enunciados optimistas: Proyectó una secuencia de inversiones que culminaría en un estadio futuro en el que las multinacionales decidirían “con materia prima argentina, abastecer al resto del mundo”.

Pronósticos desacertados
Inflación: Los pronósticos de Macri vs la realidad

En la entrevista firmada por Mariano Obarrio, Macri también anunció el regreso del monitoreo del FMI (suspendidos desde 2008) y aprovechó su pronóstico inflacionario para pedir “moderación” en las negociaciones salariales. (La Nación)

El 30 de marzo decía que “si la inflación no baja” sería responsabilidad de su gobierno. Unos días antes (20 de marzo), nuevamente ante periodista de La Nación, había dejado una frase que quedaría en el recuerdo de las previsiones incumplidas: “en el segundo semestre la inflación va a bajar drásticamente”.

Para julio de ese año era evidente que aquel pronóstico inicial resultaría desacertado: el IPC publicado por la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires (que el gobierno daba como referencia, ante la falta de un indicador naciona) acumulaba un incremento del 31% en 7 meses. Llegaba el momento de apuntar las predicciones a la inflación de 2017: “Va a ser menor que el 20%”, dijo ante Alejandro Fantino; en la misma entrevista se refirió a los niveles de la inflación en el mundo, señalando que “el mundo tiene menos del 5% y lo vamos a lograr”. (TN)

Para apuntalar ese relato, en agosto aseguró que “la inflación ya está bajando, como les prometí”. Para esa afirmación, sólo contaba con los datos del IPC de junio y julio, que marcaban valores menores que los registrados los meses anteriores. Cabe recordar que antes de junio ‘16 el INDEC no publicaba el IPC y se usaban como referencia los que informaban las direcciones de estadísticas de la C.A.B.A. o de San Luís.

Los datos parecieron darle la razón sólo hasta septiembre, cuando el IPC llegaba a 0,2%; el mes siguiente, la inflación retomó fuerza impulsada por tarifazos, registrando un 2,4%.

El año terminaría acumulando alrededor del 40%. Si se toma el dato del IPC de la Ciudad de Buenos Aires -por la discontinuidad en las publicaciones del INDEC- la inflación del año llegó a 41%.

2017

En febrero, Macri volvió a pronosticar que los precios subirían menos del 20%, aunque sus palabras fueron menos contundentes que antes: “espero que podamos cerrar el año con una inflación en menos del 20%”, dijo en conferencia de prensa.

El primero de abril abrió las sesiones ordinarias del Congreso de la nación reiterando su diagnóstico de ocho meses atrás: “la inflación está en un claro camino descendente”, aseguró; a continuación, planteó a empresarios y sindicalistas que deberían ajustarse a las metas de inflación del Banco Central, de entre 12% y 17%.

Los datos que se iban publicando no hacían mella en el optimismo presidencial: el 23 de mayo, cuando el IPC acumulaba ya un 9% en cuatro meses, Télam destacaba que el presidente había insistido en la meta del 17% en una reunión de gabinete.

A fines de julio, en una videoconferencia con un canal jujeño publicada en El Cronista, el mandatario reiteraba el enfoque basado en las “metas de inflación”, descartando que el precio de dólar tuviera relevancia. Por aquellos días, la moneda norteamericana había superado los $18, por lo que el gobierno salió a desestimar su influencia en los precios domésticos. No obstante, Clarín señalaba que en el gabinete ya se manejaba una inflación anual en torno al 20%.

En septiembre los cómputos oficiales superaron aquella meta del 17%; el dato no amedrentó al mandatario, que en Chaco se permitía asegurar que “bajamos la inflación, crecimos y vamos a seguir creciendo”.

Los números del INDEC volvieron a desautorizar a los pronósticos oficiales: el informe publicado en enero de 2018 daba cuenta de una inflación anual del 24,8%.

Arrancaban los pronósticos para este año, empezando por las cifras que se plasmaron en el proyecto de presupuesto, aún bajo el paradigma de las “metas de inflación”; pero los números planteados en la iniciativa que debatió el congreso tuvieron una validez de apenas unos días desde su aprobación: del 10% que preveía la letra aprobada el 22 de diciembre, se pasó al 15% seis días más tarde, cuando Dujovne, Sturzenegger y Marcos Peña anunciaron el cambio en las metas. Aún así, todas las cifras de referencia del proyecto quedaron completamente desdibujadas a siete meses de este año.

En esos días, los pronósticos de Macri apuntaron a justificar el cambio en el cálculo de la movilidad jubilatoria, aprobada el 18 de diciembre. Según el mandatario, los haberes de los jubilados aumentarían en este año “entre 4 y 6% más que la inflación” (Ámbito); sin embargo, recién en septiembre los haberes previsionales sumarán un 19,1% en el año, cuando inflación hasta julio ya acumulaba el 19,6% (según datos del INDEC).

Es evidente que la inflación es difícil de predecir; pero ya puede asegurarse que las metas anunciadas son de cumplimiento imposible, porque en 7 meses se superó el porcentaje anunciado y porque hay datos duros que permiten esperar que no haya una baja sustancial en los próximos meses: en particular, los precios mayoristas ya suman un 36,5% de incremento en el año y el dólar subió el 60% desde diciembre pasado.

No parece exagerado, entonces, esperar que los precios suban en torno a las Expectativas del Mercado, tal como reflejó el informe del Banco Central de julio último: los “analistas especializados, locales y extranjeros” consultados por la entidad pronosticaron una inflación del 31,8%.

Hace tres semanas, Macri modificó sus pronósticos (y sus pretextos), asegurando que los precios subirán “alrededor del 30%” en este año.

Lamentablemente, los antecedentes no permiten confiar en que sus pronósticos sean acertados.

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