El hombre bicentenario

Monunmento a Marx en Treveris
Monumento a Karl Marx inaugurado en Treveris, su ciudad natal
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A 200 años del nacimiento de Karl Marx, su pensamiento sigue amenazando a los opresores. (Por Jorge Ramirez)

En enero de este año el Banco Mundial señalaba que la riqueza mundial había crecido un 66% en dos décadas; al mismo tiempo, los países más ricos ostentan una riqueza per cápita 52 veces mayor que en los países más pobres. El título de la gacetilla de prensa señalaba que “persisten las desigualdades”.

Ese informe no ahonda en las desigualdades al interior de esos países, ni aporta explicaciones consistentes sobre esa brecha creciente, que parecen como realidades ajenas, contingentes. Quizás unas palabras escritas en 1840 nos den un indicio: “El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen”, decía Marx en sus manuscritos económicos y filosóficos.; como mínimo, valdría la pena revisar esta aseveración ante las cruda contundencia de los datos.

Conocer a Marx aporta otra forma de entender ese cuadro, una mirada que necesariamente pone en cuestión el rol de los que dominan, de los que ganan y mandan en la economía, en la política, en los medios de comunicación.

Monumento a Marx en Treveris
Estatua de Karl Marx realizada por el artista chino Wu Weishan. Fue inaugurada en Treveris, ciudad natal del revolucionario

Karl Marx, pensador revolucionario nacido en Tréveris, Alemania, hace justo 200 años, desnudó el carácter explotador de las relaciones de producción capitalistas; estudió y explicó cómo, detrás del desarrollo inédito de la capacidad de producir se esconde la desigualdad intrínseca, que es un aspecto esencial de su desarrollo.

Leer a Marx lleva necesariamente a preguntas incómodas. ¿Cómo es posible que el enorme desarrollo de la ciencia y de la tecnología no disminuyan la desigualdad? ¿Cómo puede ser que en los poderosos Estados Unidos haya 4,5 millones de familias sin hogar? ¿Cómo es posible que el 1% de la población mundial (según Oxfam, citando a Credit Suisse) disponga de más recursos que el 99% restante?.

El pensador alemán ha sido casi erradicado de las aulas de las facultades de ciencias económicas, reducido a unos párrafos casi anecdotarios en la bibliografía oficial de las cátedras. Las referencias a sus ideas muchas veces se limitan a descalificaciones personales o grupales, evitando poner en la mesa sus argumentos.

La visión de Marx fue el resultado de un trabajo de investigación minucioso, con una fuerte base empírica. Puso en cuestión la separación forzada de los hechos y los de la construcción teórica; esa separación que permite que economistas, periodistas especializados y políticos repitan afirmaciones, reiteren propuestas que fracasaron, o califiquen a la acción popular como “perturbaciones” de sus modelos. Los especialistas estrella de los medios, los consultores económicos habituales, hablan de que un impuesto es “distorsivo” porque no permite que se despliegue la libertad de mercado; o que una ley que frena los abusos contra la población es “rígida”, porque impide a los empresarios obtener mayores ganancias. A nadie se le ocurre hacerles notar que no hay pruebas de que la total libertad de la clase empresaria mejore la condición económica de todxs, y que -en cambio- ha llevado reiteradamente a la formación de monopolios y oligopolios, que ha permitido bajar salarios y que funciona bien con una masa de trabajadorxs desocupadxs que sirvan de amenaza de desempleo para los asalariados que pretendan mejorar sus ingresos.

Otro ejemplo: frente a la asunción absoluta de las bondades del mercado libre o la defensa de las importaciones irrestrictas, a más de uno llamaría la atención comprobar que los argumentos y las objeciones en juego estaban presentes en un texto de 1848: el Discurso sobre el Libre Cambio. Y esa disertación del revolucionario prusiano fue expresada en enero de ese año, antes de que cumpliera los 30 años.

Sin embargo, retomar a Marx, sobre todo sin dogmatismos, no implica sólo poner en jaque los argumentos remanidos y desnudar los intereses que sustentan los enunciados supuestamente científicos de la ciencia y de la política:  “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, plasmó en la undécima tesis sobre Feuerbach (1845).

Allí radica la mayor amenaza; un Marx suelto por las aulas, las fábricas, los campos, la calle, el mercado, no sólo pone en riesgo las justificaciones de la opresión, sino que convoca a actuar para removerla.

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