La persistente vigencia de Rodolfo Walsh

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Se cumplió ayer el 42 aniversario del asesinato de Rodolfo Walsh a manos de un Grupo de Tareas de la dictadura. Apenas un día antes había comenzado a difundir su famosa “Carta Abierta a la Junta Militar”, con un balance del primer año del gobierno genocida. La realidad política actual es diferente, pero al repasar los tópicos de aquella misiva, se advierte una vigencia alarmante.

Walsh comenzó su carta señalando que “la censura de prensa,  la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos” lo llevaron a escribir de manera clandestina, luego de “haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”.

Rodolfo Walsh
La militancia de Walsh, actual y vigente

Hoy la censura y la persecución adoptan formas más sutiles, sin el arbitrio absoluto de la dictadura, pero que tienen consecuencias graves en ambos aspectos: en tres años se perdieron más de 3.300 puestos de trabajo en los medios de comunicación, se han cerrado radios comunitarias en distintos puntos del país, y lxs trabajadorxs de prensa han sido blanco predilecto de la represión en numerosas ocasiones. Al manejo de la pauta -que tiende fuertemente a reproducir las ventajas de los medios monopólicos- se suma el hostigamiento judicial contra propietarios de medios y periodistas.

La persecución política no exhibe la crudeza que caracterizó al terrorismo de Estado entre 1976 y 1983; no obstante, hay decenas de presos políticos sin condena firme, numerosos referentes procesados, donde los principales criterios para la privación de la libertad o para la criminalización son  la pertenencia a algún sector de la oposición o la participación en protestas contra medidas del gobierno.

El escritor, periodista y militante caracterizó al gobierno de la dictadura por su origen ilegítimo; no es el caso de la gestión de Cambiemos en tanto asumió en virtud de un triunfo electoral. Sin embargo, el programa de gobierno tiene similitudes relevantes con aquel de la dictadura, que -en palabras de Walsh- restauraba “la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación”: apertura de importaciones, endeudamiento,  sectores especulativos y monopólicos como principales beneficiarios de las medidas económicas, desguace de la industria nacional y del sistema científico- tecnológico.

Luego de un recuento de crímenes, masacres y ejecuciones perpetradas por los genocidas, Walsh señaló que esas atrocidades no eran las que mayor daño habían producido al pueblo argentino: el perjuicio más grave se debía a “la política económica de ese gobierno” y que en ella debe buscarse “no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. Para ilustrarlo, Walsh señala que en aquel entonces los salarios habían perdido un 40% de su valor real en sólo un año; en el gobierno de Macri, en tanto, la caída ronda los 17% desde su asunción, una cifra grave aunque no alcance -aún- el nivel brutal del primer año de la dictadura.

En 1977, Walsh señalaba que en sólo un año de dictadura el consumo de alimentos había “disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares”; para el último año macrista, las ventas cayeron entre un 8,7% y un 13,3% (según se considere supermercados o shoppings), las de indumentarias retrocedieron un 16,3% en un año, y los medicamentos subieron hasta un 733% en 3 años.

El escritor nacido en Río Negro también se refería a los indicadores económicos generales, señalando que se había producido un “descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, (…) baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia”. Los indicadores del año pasado van en general en el mismo sentido: el PBI cayó el 2,5%, la inflación acumuló un 47,3% en el año (la más alta en 27 años); en tanto, la inversión externa (principal destinatario de las medidas económicas, según el discurso oficial) se desplomó un 8,8% durante 2018. En cuanto al endeudamiento, el texto de Walsh sólo reflejaba el primer año de la gestión de la dictadura; el proceso continuó durante toda la dictadura, volviendo a profundizarse en la gestión de De la Rúa, de modo que la deuda total hoy supera los u$d 7.000 dólares por habitante (a diciembre de 2018, el stock sumaba casi u$d 320.000 millones).

Uno de los párrafos que podría aplicarse hoy casi sin cambios es el que cuestiona el “espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el ‘festín de los corruptos’” (la cursiva es nuestra). En cada movida del dólar, la sola compra venta del billete reporta millones de pesos a bancos y casas de cambio (la diferencia entre el precio vendedor y comprador suele rondar los $2 por unidad), y las maniobras del gobierno para frenar la devaluación terminan concediendo tasas de interés brutales -por lejos, las más altas del planeta- a través de letras que sólo pueden adquirir los bancos.

El actual gobierno habla de un hipotético futuro sin conflictos, con “la unión de los argentinos”, aunque tal armonía llegaría bajo las pautas de un modelo económico que privilegia la producción primaria (agrícola, extractiva) en desmedro de la industrialización, y pone como horizonte la desarticulación de los derechos laborales. Pero la historia argentina, reafirmada en las luchas de estos años, revela la lucidez de las palabras de Rodolfo Walsh: “las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”.

Los discursos de los dictadores buscaban representarlos ante la sociedad como protectores de la paz, de los intereses nacionales, de la concordia; la realidad quedó expuesta en una sentencia de Walsh: “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.  Hay que salvar las distancias entre los momentos históricos; pero se advierte una similitud notable con las afirmaciones del macrismo sosteniendo que la “economía está mejor”, que hay independencia en el poder judicial, o que “en todos los temas estamos mejor que en 2015”.

Hoy nuestro país necesita a muchos como Rodolfo Wash, militantes, honestos, comprometidos, y capaces de dar “testimonio en momentos difíciles”.

 

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