El Camino de la Degradación Social

Bonadio Purge
Reflexión necesaria sobre la "justicia por mano propia"
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Por el abogado Juan Pablo Ochoa. Editorial del programa radial “Asamblea Permanente”

Como una muy sugerible película, “la noche de la expiación” supone una sociedad sincerada bajo el lema de la guerra contra la criminalidad, permitiendo doce horas al año de impunidad a los fines de contener la ira social reprimida. Entonces, se le permite al ciudadano matar libremente sin que por ello deba responder ante nadie. En resumen un cuadro de barbarie digno de la imaginación hollywodense apartado de la civilización accidental.

Bonadio Purge
Reflexión necesaria sobre la “justicia por mano propia”

Cuadro N° 1: Un juez federal, el popular Claudio Bonadío, mata a dos supuestos delincuentes en un episodio por demás confuso en el año 2001.

Cuadro N° 2: Un profesional de la salud ultima de cuatro disparos a otra persona que intentaba robarle. El arma la escondía supuestamente en el cantero que se encontraba en la vía pública. Insólito.

Cuadro N° 3: Un remisero forcejea con un ladrón, lo reduce y lo mata.

Cuadro N° 4: El colmo. Un carnicero sufre un robo simple, sin agresiones físicas. Persigue a los ladrones en un vehículo, los atropella, mata a uno.

Tratamiento popular: Vivo héroe, muerto villano.

El ejemplo que goza de mejor reputación se ubica en una hipótesis que nunca se da. El malviviente que está a punto de matar a toda una familia, previa violación serial de todos los menores y mujeres, predispone el valiente defensor familiar a ajusticiarlo en última instancia porque no le queda otra alternativa. No se registró nunca este caso, pero es el utilizado para justificar la violencia desmedida y deshumanizada.

Una parte de la sociedad, pobre de valores, con más aprecio a la propiedad que a la vida, y víctima de la acción y la inacción del Estado, invierte la lógica de las atribuciones y responsabilidades, no cuestiona a los verdaderos verdugos sociales que fabrican marginalidad y con ella delincuencia callejera, como lo son los ideólogos y ejecutores de una política de segregación, y trata de héroes a los matadores.

Un poco por xenofobia disfrazada hipócritamente de justicia, otro poco por un hartazgo facilista que exime a su titular de mayores trabajos de estudio de anomias sociales, con más una pizca de insensibilidad real, un cachito también de patoterismo y resentimiento por inaplicables vivencias personales del pasado, y mucho de manipulación mediática.

El Presidente de la Nación Mauricio Macri pide por la excarcelación del carnicero, “opinando” que al ser muy querido, trabajador y popular, con una reflexión le alcanza para purgar su homicidio mientras la justicia se ocupa. El “principio de inocencia”, aquél que no juega para Milagro Sala, se encarga muy selectivamente del resto.

El Ministro de justicia Germán Garavano, que debiera ser el más eruditos de los juristas, llama a estos hechos como “justicia por mano propia”, como si la muerte entre ciudadanos fuera justa, distinguida tan sólo por la identidad del justiciero, que en vez de ser el Estado es un particular. Para peor, lamenta estos hechos no por la antijuridicidad intrínseca y la desidia, sino por el riesgo existente en que la próxima vez el muerto puede ser el bueno, algo así como que en definitiva pueden estas situaciones arrojar un final no tan feliz.

La administración de justicia excarcelando y mandando a casa a quienes produjeron las muertes, dejándolos expuestos a las congratulaciones del pueblo socialmente degradado hace lo propio, en el último caso “casualmente” instantes después del pronunciamiento presidencial.

La prensa, la maldita prensa tendenciosa, justifica el accionar de los contundentes agresores, instalando la idea de justicia por mano propia y de legítima defensa, dejando tan sólo para el debate si hubo exceso o no.

Nos quedan las irresponsabilidades de los poderosos. El presidente y su ministro, el representante del poder judicial, el periodista masivo, todos justificando la violencia, la agresión y el homicidio entre ciudadanos y ninguno asumiendo realmente que el origen de la delincuencia se encuentra en las políticas públicas o más bien en la falta de ellas, protagonizadas por funcionarios que ocupan su tiempo en fabricar pobreza, en transferir recursos de pobres a ricos, en excluir y generar marginalidad, en empresarios absorbentes y acaparadores, en policías corruptas y puesta al servicio del cuidado de aquellos dos, y en ciudadanos dóciles que no aprenden nunca que sus verdaderos conspiradores son los primeros.

Nadie responde, porque no sabría como, que habría pasado si el carnicero en su enceguecimiento revanchista y delincuencial, en vez de atropellar a los ladrones hubiera atropellado a un niño u otro ciudadano que pasaba por ahí y lo mataba, o que pasaría, si la familia del motociclista asesinado asume la misma lógica de la “justicia por mano propia”, y toma venganza del agresor.

Al que todavía duda en qué lado del debate posicionarse le sugerimos que no sea ingenuo, que no piense que con esta barbarie homicida se terminan los robos, que no se distraiga en el direccionamiento de su ira.

Al que lamentablemente esté convencido en que la solución es “matar al delincuente”, que redefina conceptos, que haga una escala de la delincuencia y le apunte a los peores, que causalmente son muchos de los que más tienen.

Los que defendemos el estado de derecho y los derechos humanos no podemos permitirnos que las nocivas consecuencias de un estado ausente en políticas integradoras comiencen a fabricar asesinos, y que adquiramos o sostengamos nosotros la insensibilidad de ellos.

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