Del Reichstag a Valparaíso

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Se comprobó que un supuesto ataque contra un retén policial en La Ligua (Valparaíso) fue obra de Carabineros; y hay videos que comprometen a esa fuerza en el incendio de una estación de Metro. Maniobras de ese tipo han sido y son comunes en regímenes y fuerzas totalitarias y dictatoriales.

 

Hace una semana se cumplieron 87 años del incendio del Reichstag, el edificio donde funcionaba el parlamento alemán. Bajo tortura, un joven comunista holandés -Marinus van der Lubbe- se declaró culpable del siniestro.

Reichstag, Alemania, 1933. Retén en la Ligua, Valparaíso, 2020

El verdadero origen del atentado sigue siendo motivo de polémicas entre los historiadores; mientras que algunos aceptan la versión que responsabiliza a Lubbe, otros lo consideran como una operación de “bandera falsa” orquestada por los nazis para justificar el endurecimiento dictatorial. 

Como escribió el profesor Benajmin Hett (Hunter College, NY), las versiones que enfatizan la responsabilidad de los nazis provienen de las víctimas del régimen hitleriano, mientras que sectores vinculados al genocidio nazi han defendido la otra hipótesis. 

Más allá de las lecturas y las pesquisas direccionadas, es claro que el incendio del edificio sirvió de pretexto para que el presidente alemán Paul von Hindenburg firmara el decreto “para la protección del Pueblo y del Estado”, eliminando derechos políticos y ciudadanos previstos en la Constitución vigente y habilitando el arresto de opositores políticos. La atribución del atentado a un militante comunista posibilitó que los nazis instalaran en parte de la opinión pública la supuesta existencia de una conspiración comunista y una amenaza de guerra civil.

En un lugar geográficamente alejado de aquella Alemania, en el Chile de Sebastián Piñera, la policía militarizada trató de instalar un supuesto ataque a un retén policial ubicado en La Ligua, Valparaíso.

Numerosos medios de prensa, en base a fuentes de Carabineros, relataron que en la madrugada del lunes 2 de marzo, un grupo de 6 ó 7 desconocidos habían ingresado armados al puesto de la fuerza en Valle Hermoso, comuna de La Ligua; allí habrían robado armamentos y herido al único guardia del lugar, además de dejar llamativas pintadas o rayones con imágenes bastante poco comunes en estos meses de protestas masivas. Algunos medios llegaron a detallar material robado: una pistola 9mm, un revólver calibre 38, dos radios portátiles y 44 cartuchos calibre 38.

A poco de investigar el hecho, el fiscal José Ramirez Nuñez descartó que ese ataque se hubiera producido. Por el contrario, el único implicado en los hechos fue un efectivo de Carabineros -Iván Tapia Maturana- quien fue imputado por el hecho aunque quedó en libertad.

Falsas banderas, a la orden del día

Este no fue el primer caso en el que las fuerzas de seguridad, el gobierno y los grandes medios de chile intentaron desacreditar las protestas adjudicándoles hechos de violencia cuyo origen no fue acreditado; tal difusión de versiones sin verificación mínima sirve para ofrecer justificaciones al brutal despliegue represivo que sufre Chile.

Hay personas detenidas en base exclusivamente a la versión de Carabineros; por ejemplo, en Coyhaique (ciudad sureña),  un joven de 19 años fue imputado (formalizado, según el Código Procesal Penal de Chile) en base a las declaraciones idénticas de 7 uniformados; la familia del muchachos denunció el montaje, asegurando que el arresto tuvo por objetivo amedrentar a manifestantes.

Piñera y su gabinete han insistido en explicar la crisis del país en la supuesta violencia de las manifestaciones; sin embargo, en las investigaciones han aparecido como implicados personas cercanas al poder. 

Un ejemplo claro: el 29 de octubre pasado se produjo un saqueo al Mall Open Plaza en La Calera, Valparaíso; el intendente de la región, Jorge Martinez Duran, apeló al mismo discurso del presidente, señalando que ese hecho (y otros similares) eran el resultado de la acción de “grupos violentistas que atemorizan a la población y que están actuando de forma sincronizada y con una preparación que preocupa mucho” (El Matutino). Las investigaciones sobre el ataque, sin embargo, condujeron hasta el concejal Karim Chahuan, perteneciente al RN (Renovación Nacional), el mismo partido de derecha al que responde el mandatario regional. Como resultado, Chahuan fue imputado el 3 de diciembre como jefe de una agrupación delictiva; días después se conocieron audios donde el edil coordina la acción, impartiendo órdenes a empleados de una empresa de su propiedad.

Carabineros frente a la estación Elisa Correa, instantes antes de que se desate el incendio

Más recientemente, el 2 de marzo, se incendió la estación de metro Elisa Correa -cerrada desde octubre por otro incendio- en la capital chilena; vídeos difundidos por las redes sociales -y no compartidos en la prensa masiva- muestran que el fuego comenzó en una zona donde se encontraban numerosos efectivos de Carabineros. El lugar estaba completamente vigilado tanto en su interior como en el exterior, haciendo insostenible la versión de que había sido causada por “encapuchados”.

 

La expresión “bandera falsa” alude a una operación realizada por un gobierno, un sector político o incluso una corporación, con el fin de atribuirlo a un enemigo. Además del incendio del Reichstag (que aún genera debates), el nazismo lo utilizó en el llamado “incidente de Gleiwitz”, atribuyendo a Polonia el ataque a una radio fronteriza y justificando con ello la posterior invasión. En los años ‘70, la “operación Gladio” -a cargo de la CIA y el MI6 británico- perpetró varios atentados explosivos en Italia, que serían adjudicados a las “Brigadas Rojas” y otras organizaciones de izquierda, sirviendo de excusa para la represión contra esas entidades.

El caso chileno vuelve a poner sobre la mesa la importancia de esta táctica, que cuenta con la ayuda de los grandes medios de comunicación, cuyos propietarios tienen intereses económicos y políticos afines a la gestión de Sebastián Piñera.

De allí la importancia de contar con fuentes de información diversas, con medios de comunicación alternativos, populares y contrahegemónicos; hoy, el apoyo a ese conglomerado heterogéneo -que ANCLA integra- es fundamental para defender la pluralidad y los derechos a la información y a la comunicación.

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