Las inundaciones no vienen del cielo

La Emilia bajo el agua
La Emilia bajo el agua. Foto del sitio Primerando Las Noticias (www.primereando.com.ar)
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Diversos estudios revelan que la expansión del área cultivada con soja favorecen las inundaciones. El gobierno vuelve a desautorizar a la ciencia en favor de los negocios.

Aunque la lluvia cae del cielo y hubo grandes precipitaciones en este año, no es esa la causa principal de las inundaciones que afectan a Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Diversos estudios muestran que los cambios en el uso del suelo y en la cubierta vegetal reducen la absorción del agua y favorecen el anegamiento.

La Emilia bajo el agua
La Emilia bajo el agua. Foto del sitio Primerando Las Noticias (www.primereando.com.ar)

Cuando llueve, una parte del agua es aprovechada por las plantas, otra se evapora y el resto se acumula. En esto inciden las características de las plantas y los ciclos de cultivo.

Diversos artículos periodísticos resumen el rol de la expansión de la soja en relación con el aumento de las inundaciones: mientras que el monte nativo absorbe 300 mm de agua por hora, la pastura para ganado alcanza los 100mm y la soja apenas 30mm.

El aumento del área cultivada con soja en desmedro de otros cultivos y de pasturas para ganado favoreció que las napas de agua que estaban a 11m de profundidad hace 40 años, se encuentren ahora a sólo 2 metros. Esa es una de las conclusiones de un trabajo publicado en 2013 por los investigadores del INTA Nicolás Bertram y Sebastián Chiacchiera a partir de haber estudiado la situación en el departamento de Marcos Juárez (Córdoba). Los autores señalan que las pasturas para ganado consumían entre 1.500 a 2.000mm al año, lo que se reduce a casi un tercio cuando se lo reemplaza por cultivos que sólo absorben el agua durante un tercio del año. Esa situación se acentúa con el cultivo de soja.

Estos autores analizaron la variación de las precipitaciones confrontándola con los cambios en la napa, para concluir que no eran las primeras las responsables principales del ascenso del agua.

Otros investigadores comprobaron que el reemplazo de bosques nativos por cultivos anuales -y más aún en el caso de monocultivo anual de soja- producen cambios hidrológicos sustanciales; Marcelo Nosetto y otros analizaron el fenómeno a partir de información satelital y en función de un modelado del agua en el suelo; estos autores se centraron en una zona de transición entre la región pampeana y el Espinal entrerriano. El artículo refiere estudios similares en otras partes del mundo, por lo que no se trata de un fenómeno exclusivamente nacional ni desconocido.

Frente a estos estudios, el Ministro de Agroindustria bonaerense Leonardo Sarquís aseguró que la siembra directa -técnica usada en la gran mayoría de los cultivos- no genera más inundaciones; el funcionario afirmó que la soja absorbe mucha agua. No citó ninguna fuente que sostuviera esas afirmaciones.

La variación en los cultivos, y en particular el incremento de la superficie destinada a la soja, no es el único factor que incide en las inundaciones actuales; hay otro aspecto relacionado con el problema y que atañe directamente a las decisiones políticas: como se puede leer en un artículo de La Mañana, mientras el Estado recaudó $3.421 millones para el fondo hídrico -formado por impuestos al GNC y a la nafta, sólo utilizó un tercio para completar obras y para el control de inundaciones. Como ocurre con las enfermedades tropicales y con los recursos para enfrentar los incendios, el gobierno explicita el desinterés por estos temas mediante la subejecución.

La actitud del gobierno respecto de las causas de las inundaciones es coherente con la política que tiende a desalentar a la investigación científica autónoma realizada en el ámbito público: los descubrimientos o las conclusiones que obtenga la ciencia podrían colisionar con los negocios.

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